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Este jueves 20 de agosto, en la semana en que la Argentina conmemora el Día del Empresario y la Empresaria Nacional, cientos de emprendedores, industriales, comerciantes y trabajadores de la producción vamos a estar en Plaza de Mayo.
No vamos a festejar. Vamos a visibilizar una tragedia silenciosa: más de 30.000 empresas cerraron sus puertas desde que asumió el gobierno de Javier Milei, la gran mayoría PyMEs, el corazón productivo de nuestras ciudades y nuestros pueblos.
Detrás de cada uno de esos cierres hay una persiana baja que no vuelve a subir, una máquina parada que se vende como chatarra, una familia que pierde el sustento, un barrio que pierde su almacén, su taller mecánico, su textil, su metalúrgica.
Hay angustia real, concreta, que se siente en cada rincón del país: en el comerciante que no llega a pagar la tarifa de la luz, en el industrial que no puede competir con importaciones dumpeadas, en el joven que no encuentra trabajo porque la pyme que lo iba a emplear ya no existe.
Esa angustia no es un dato de coyuntura: es el costo humano de un modelo que eligió premiar la especulación financiera y castigar al trabajo que produce.
Lo que estamos viviendo en la Argentina de estos años es un paradigma tecnocrático que mide el éxito en superávit financiero y en la euforia de los mercados especulativos, mientras la economía real —la que genera empleo genuino, arraigo territorial y valor agregado— se desangra.
Custodiar lo humano en medio de la transformación económica y tecnológica no es una consigna abstracta: es exigir que ninguna reforma, ningún ajuste, ninguna "modernización" se haga a costa de la dignidad del que produce y del que trabaja.
Tres ejes, una sola convicción: la Argentina se reconstruye con las PyMEs de pie
En este punto aparecen, con la urgencia de lo imprescindible, tres ejes que deberían ser el faro de cualquier plan de gobierno, a mí entender.
Primero, una reforma tributaria progresiva de verdad: alivio fiscal real para las PyMEs productivas que sostienen el mercado interno y el empleo, financiado con impuestos a la renta financiera extraordinaria, al capital especulativo y a las corporaciones que más ganaron en este modelo.
No puede ser que el que arriesga capital para producir pague más que el que solo mueve dinero de una pantalla a otra.
Segundo, la defensa irrestricta de la educación pública, gratuita y de calidad, y de la soberanía tecnológica. Universidades públicas y organismos técnicos no son un gasto: son infraestructura básica de competitividad para nuestras PyMEs, la usina donde se forma el capital humano y el conocimiento aplicado que necesita la producción nacional.
Lejos de eso este gobierno continúa con su implacable proceso de desguace con absoluto desprecio por el entramado técnico-productivo del país.
Tercero, una reforma judicial profunda, con jueces de sensibilidad industrial, que entiendan la matriz productiva local, que protejan el patrimonio nacional frente al avance de los monopolios y que den seguridad jurídica real a quienes arriesgan, invierten y generan trabajo genuino en la Argentina.
El pedido que no vamos a dejar de hacer: sanción ya de la Emergencia Productiva MiPyME
Con más de 30.000 empresas cerradas, la Ley de Emergencia Productiva MiPyME no puede seguir esperando en un cajón. Venimos reclamando, a través de nuestro Presidente, con notas periodísticas y presencia en el Congreso, la apertura de una audiencia pública para su tratamiento.
Hoy lo repetimos con la misma convicción: cada semana de demora es otro comercio que baja la persiana, otra fábrica que despide, otra familia que se queda sin ingresos.
No pedimos un privilegio: pedimos que el Estado cumpla su rol de proteger a quien produce, tal como lo hacen todos los países serios del mundo cuando su entramado productivo está en riesgo.
Plaza de Mayo, este jueves: la producción se pone de pie
Por eso convocamos a todos los empresarios y empresarias nacionales, a los trabajadores, a las cámaras, a los talleres, a los barrios productivos de todo el país, a acompañarnos este jueves 20 de agosto en Plaza de Mayo.
No vamos con resignación: vamos con la mística de quienes saben que la Argentina se construye trabajando, agregando valor, generando arraigo y federalismo, no especulando.
Elegimos el trabajo compartido por sobre la autosuficiencia de unos pocos. Elegimos una Argentina donde el capital productivo tenga, por fin, más peso que el capital financiero.
Y no vamos a bajar los brazos hasta que la Emergencia Productiva MiPyME sea ley, y hasta que cada PyME que hoy resiste tenga la certeza de que el Estado está de su lado.
Ni una PyME menos. Ni un trabajo menos. La producción, de pie.



