
En tanto, 10% de los ejecutivos sondeados cree que dentro de doce meses el escenario económico será peor y 8% no prevé cambios.
«Las expectativas favorables vienen siendo impulsadas por la fuerte valoración que los empresarios hacen del ordenamiento de la macroeconomía, del equilibrio fiscal y de la baja de la inflación», dijo Santiago Mignone, presidente de IDEA durante la presentación de la encuesta. «No hay expectativas ni de irse a la banquina, ni de salir campeones del mundo: hay un optimismo moderado» agregó.

El sondeo realizado entre el 2 y el 23 de junio no alcanzó a captar los impactos de la extrema volatilidad surgida a partir del 10 de julio, luego del desordenado desarme de las LEFIs. En cualquier caso, más allá de esas fluctuaciones, la encuesta refleja que los ejecutivos mantienen una visión positiva sobre la evolución de la economía a un año, aunque esas expectativas están tamizadas por la prudencia. Por caso, si bien el 81% de los directivos de empresas prevé que el PBI aumentará el próximo año, el 70% cree que ese incremento será moderado.
«Es preferible que haya expectativas de una mejora moderada a que se vuelva a un rally de perspectivas de fuertes subas seguidas de fuertes bajas», dijo Santiago Bulat, economista jefe de IDEA. «Una mejora moderada cada año es lo más sano que podría ir a buscar Argentina durante bastante tiempo», añadió.
En cuanto a la inflación, el 21% prevé que disminuirá significativamente y un 53% cree que habrá un descenso moderado. Solo el 13% proyecta un alza. Esas expectativas parecen estar ancladas en la evolución esperada para el dólar: el 70% cree que aumentará en forma moderada durante los próximos doce meses, y apenas un 2% prevé un incremento significativo.
Algo menos de optimismo
Las evaluaciones de los ejecutivos sondeados por IDEA son más favorables sobre la marcha de la economía en general que sobre la situación económica-financiera de sus empresas. Lejos del 83% que consideró positivo el panorama económico actual con respecto a lo que sucedía hace doce meses, el 52% de los directivos cree que sus compañías están mejor. Dentro de esas perspectivas favorables, el 40% cree que sus empresas están «moderadamente mejor» que hace doce meses, y solo el 12% considera que están «mucho mejor».
En tanto, el 26% de los encuestados evalúa que su compañía está peor que un año atrás. Entre los directivos de firmas industriales esa valoración negativa llega al 29%, por encima del 22% de los ejecutivos de empresas de servicios. Las diferencias también se ven reflejadas en la capacidad instalada. Mientras solo el 17% de las empresas de servicios sondeadas están operando a una tasa menor al 70% de la capacidad, esa proporción asciende al 39% entre las compañías industriales.
Hacia adelante, el 67% de los encuestados proyecta un aumento de las ventas y el 50%, un incremento de la inversión. En cambio, las expectativas sobre la rentabilidad están más repartidas: mientras un 41% creen que irán al alza, el 31% prevé una disminución. En tanto, un 28% no proyecta cambios en esa variable. «Cuando la inflación baja, es razonable que los márgenes comiencen a bajar también», dijo Mignone. «Con la expectativa inflacionaria, se generan márgenes con colchón, pero cuando se elimina la neblina de la inflación que tapa todo el panorama, los márgenes tienden a ser más estables».
Entre los obstáculos para el crecimiento de las empresas, la inflación cayó al cuarto lugar con solo un 18% de menciones entre los ejecutivos encuestados. El principal problema, por lejos, pasó a ser la carga impositiva con el 75%, seguido por el exceso de regulaciones (35%) y la disponibilidad de talentos (25%). En tanto, solo el 11% mencionó a la apertura de importaciones y apenas el 4% al tipo de cambio como un obstáculo. «Ya casi nadie reclama un alza del dólar para mejorar la competitividad, sino una rebaja de la carga impositiva», señaló Mignone. «Hay que trabajar sobre el gasto y sobre los impuestos distorsivos: es distinto un peso recaudado por un impuesto que afecta a la producción y a la inversión como Ingresos Brutos que un peso recaudado por un buen impuesto como Ganancias», agregó.

Los directivos que forman parte de empresas grandes representaron el 65% de los encuestados, mientras que los empresarios pymes, el 35%. Por sector de actividad, los ejecutivos pertenecientes a firmas de servicios abarcaron el 58%, mientras quienes forman parte de la industria y minería, el 19%. El resto correspondió al sector agropecuario, construcción y comercio.
Por primera vez en diez años, la evaluación de la situación económica realizada por los directivos de empresas sondeados por IDEA coincidió con las expectativas que esos mismos ejecutivos tenían doce meses atrás. El interrogante es si las perspectivas favorables para 2026 volverán a estar en línea cuando se haga la evaluación dentro un año. «Hay un moderado optimismo que continúa desde el año pasado muy anclado en el proceso de desinflación», dijo Mignone. «Estamos viendo la necesidad de mejorar la eficiencia dentro de las compañías: en un contexto de 200% de inflación, este rubro no tiene relevancia, pero con la inflación en baja, ese 2% o 4% que se puede ganar en productividad, sí empieza a cobrar sentido», concluyó.
La nota original fue publicada en El Economista.




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