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Lo que tenés que saber:
- Entre Ríos tuvo más de 100 bodegas en 1920
- La vitivinicultura entrerriana quedó inactiva por 60 años
- Hoy hay 80 hectáreas de viñedos en producción
- Cinco bodegas registradas producen vinos y espumantes
En esta nota
La caída del sector vitivinícola
En los años 1920, Entre Ríos era una de las principales provincias productoras de vino en Argentina, con más de 100 bodegas y 2500 hectáreas de viñedos. Sin embargo, en 1934, una ley impulsada por el gobierno de Agustín P. Justo, que buscaba regular el exceso de oferta, marcó el inicio de una crisis. La erradicación de viñedos entrerrianos fue un golpe letal para el sector.
Estas medidas afectaron también a otras provincias como Mendoza y San Juan, pero en Entre Ríos, el impacto fue devastador. Familias enteras tuvieron que abandonar la actividad, y el saber hacer se perdió casi por completo, dejando a la provincia fuera del mapa vitivinícola por casi 60 años.
El renacer de la vitivinicultura
El regreso de la vitivinicultura a Entre Ríos comenzó en 1991, cuando el Decreto 2284 permitió nuevamente la plantación de vides y la producción de vino. El proceso de recuperación fue lento, pero hacia mediados de la década del 2000, nuevos viñedos comenzaron a surgir.
Hoy, la provincia cuenta con 80 hectáreas de viñedos en producción y cinco bodegas registradas. Aunque la escala es pequeña comparada con las principales provincias vitivinícolas, el sector muestra signos de crecimiento y diversificación.
Proyectos emergentes
Empresas como Finca Los Bayos, BordeRío y Bodega Los Aromitos están liderando la nueva ola de producción vitivinícola en Entre Ríos. Finca Los Bayos, por ejemplo, comenzó en 2017 y hoy tiene más de dos hectáreas de viñedos, combinando la producción de vino con enoturismo.
BordeRío, con 18 hectáreas de viñedos, produce aproximadamente 50.000 botellas al año, y tiene capacidad para duplicar esa cifra. Estos proyectos no solo reviven la producción vitivinícola, sino que también impulsan el turismo en la región.
Desafíos y oportunidades
A pesar del crecimiento, el sector enfrenta desafíos significativos, como la falta de conocimiento técnico que se perdió durante las décadas de inactividad. Sin embargo, las similitudes climáticas con Uruguay abren oportunidades para la colaboración y el aprendizaje conjunto.
El enoturismo se presenta como una oportunidad estratégica para diversificar ingresos y atraer visitantes. La combinación de producción vitivinícola y turismo ofrece un modelo sostenible para el desarrollo económico local.
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