
Lo que tenés que saber:
- A fines de 2023, el déficit fiscal y cuasifiscal era de 15 puntos del PIB.
- El swap con China ofrece hasta US$ 8.000 millones para intervenir o pagar deuda.
- Energía y minería podrían exportar US$ 50.000 millones hacia 2030.
- En un escenario de estrés, las reservas podrían caer US$ 10.000 millones.
La Argentina llega al ciclo electoral de 2027 «mucho mejor parada» que en las elecciones anteriores. Así lo planteó María Lucila Barbeito, economista de J.P. Morgan, en una charla moderada por Gonzalo Vallejos, de Criteria.
Barbeito repasó el programa económico desde 2023, el esquema de bandas cambiarias, la inflación, el nivel de actividad y los riesgos de cara a las elecciones. Su conclusión: el equilibrio fiscal «llegó para quedarse», pero el país necesita un consenso político para que esta vez el cambio sea duradero.
El punto de partida: un país al borde de la hiperinflación
Para la economista, cualquier balance tiene que arrancar por el punto de partida. A fines de 2023, la Argentina tenía un déficit fiscal y cuasifiscal de 15 puntos del PIB, una inflación de 200% y una brecha cambiaria superior al 100%. Con esos números, los modelos anticipaban una alta probabilidad de hiperinflación.
Desde ese lugar, calificó como muy exitoso el proceso de estabilización, porque evitó esa crisis. Destacó que el ajuste fiscal de 15 puntos del PIB se hizo con un presidente que mantuvo una aprobación superior al 40%: «Es algo que ninguno de nosotros hubiera imaginado en ese momento».
Su crítica apunta a la segunda etapa del programa: con la estabilización ya encaminada, la política económica se concentró en bajar la inflación rápido y no tanto en acumular reservas.
Lo que más valoró es el cambio de mirada. «El equilibrio fiscal llegó para quedarse», dijo, y señaló que incluso la oposición habla hoy de sostenerlo. Para Barbeito, la Argentina entendió que «la madre de todos los problemas» era el déficit fiscal crónico.

Bandas más anchas para atravesar el año electoral
El esquema cambiario fue cambiando: primero un ajuste del dólar oficial de 2% mensual, después de 1%, más tarde bandas angostas y, tras las elecciones legislativas, las bandas actuales, que se ajustan por inflación. Barbeito lo describió como una flotación «sucia», porque el Banco Central interviene dentro de las bandas para reducir la volatilidad.
Para la economista, darle más flexibilidad a las bandas fue una decisión acertada. Con bandas angostas, la volatilidad de un ciclo electoral podía llevar fácilmente el tipo de cambio al techo, y no había reservas suficientes para defenderlo. «Hoy Argentina está mucho mejor parada para enfrentar el ciclo electoral de 2027», afirmó.
Además, repasó las herramientas disponibles. El swap con China tiene una disponibilidad de hasta US$ 8.000 millones, que se puede usar para intervenir en el mercado de cambios o para pagar deuda, y el Gobierno busca prefinanciar buena parte de los vencimientos de 2027. Según sus estimaciones, el Banco Central compró más de US$ 15.000 millones y la acumulación de reservas ronda los US$ 10.000 millones.
La inflación: el último tramo es el más difícil
Barbeito explicó que, en la desinflación, los primeros puntos se bajan más fácil y los últimos cuestan más. Pasar de una inflación de 2% mensual, normal para la Argentina pero no para la región, a niveles de cero coma algo por mes es el salto más complejo. Por eso espera una baja gradual, en medio de un cambio de precios relativos y de shocks externos como el del petróleo.
Sobre las tasas, anticipó que en el año electoral el Gobierno va a priorizar la estabilidad del tipo de cambio y de los precios, con una tasa de interés positiva en términos reales para contener la dolarización. No espera una baja agresiva de tasas y ve a los bancos «sumamente defensivos» en el crédito al consumo. Donde sí ve más espacio es en el crédito hipotecario.
Vallejos sumó la mirada de las empresas. En el gobierno anterior, contó, la tentación del empresario era «dólares, dólares, dólares». Hoy el dólar perdió contra otras alternativas de inversión, y las compañías empiezan a armar sus carteras con instrumentos en pesos, como los atados a la tasa TAMAR o los duales.

Una economía a dos velocidades
La economista leyó la fuerte diferencia entre sectores como parte de un cambio estructural. La apertura y la desregulación favorecen a los más competitivos, como la energía, la minería y el agro, mientras la industria manufacturera y el comercio quedan por debajo de sus niveles previos. Esa reconversión lleva tiempo: en países como Chile o Australia, el derrame hacia otros sectores tardó entre cinco y siete años.
«No es que la industria murió, sino que tiene que reconvertirse», planteó, y mencionó la demanda de servicios que generan Vaca Muerta y la minería.
En el corto plazo ve algunos sectores favorecidos: la construcción, con mejores despachos de cemento, concesiones viales y obra pública en las provincias, y una recuperación incipiente del salario real y del consumo. Con ese cuadro, calificó a la economía como «un factor neutral» para la elección: no va a empujar mucho al oficialismo, pero tampoco le va a restar.
También discutió una idea muy arraigada: que la economía no puede crecer mientras baja la inflación. Puso como ejemplo a Paraguay, que según dijo es la economía que más crece y la que menos inflación tiene, y sostuvo que el crecimiento sostenible tiene que venir por la inversión y no por el consumo.
Los dólares de la energía y la minería
Barbeito ve en la energía y la minería un factor diferencial: sus exportaciones podrían llegar a US$ 50.000 millones hacia 2030. Esos proyectos, explicó, son competitivos incluso con un petróleo a US$ 50: si baja el precio, cae el valor de las exportaciones, pero el aumento de la producción en Vaca Muerta lo compensa. Solo por el precio de la energía, este año entraron unos US$ 4.000 millones más de exportaciones.
Esa entrada de dólares trae un riesgo conocido: la «enfermedad holandesa», un tipo de cambio que se aprecia y encarece producir en el país. Para mitigarla, se mostró partidaria de acumular reservas y de bajar el costo de operar en la Argentina con una reforma tributaria integral, nacional y provincial, que también ordene el mercado laboral. Advirtió que hoy crecen la informalidad y el monotributo, porque a las empresas les resulta más barato contratar así.
Riesgo país, elecciones y el escenario de estrés
Sobre el riesgo país, sostuvo que la Argentina tuvo ventanas para volver a los mercados internacionales este año, con el indicador por debajo de los 400 puntos básicos, y que una emisión chica habría ayudado a mostrar acceso al financiamiento. El Gobierno, en cambio, prefirió fuentes alternativas más baratas. Para Barbeito, una parte importante del riesgo país actual es riesgo político: los países de la región con equilibrio primario y superávit de cuenta corriente tienen un riesgo país por debajo de los 300 puntos básicos.
En lo político, marcó como factores clave para el mercado si la oposición logra coordinarse y qué pasa con las PASO, que en el pasado fueron desestabilizantes.
Ante una pregunta del público, detalló el escenario de estrés con el que trabajan. Tomaron como referencia 2025: la dolarización de carteras sumó US$ 32.000 millones, cerca del 10% del PIB, más que en 2019. Con una dolarización de US$ 22.000 millones, calculan que las reservas podrían caer unos US$ 10.000 millones, que saldrían de lo acumulado este año. Además, la Argentina cuenta con China y Estados Unidos como prestamistas de última instancia.
Sobre la «bazuca» de US$ 125.000 millones que, según planteó una persona del público, mencionó el Presidente, pidió transparencia: que el Gobierno explique las fuentes de financiamiento de los vencimientos. «Mostrar las cartas está bueno, y no mostrarlas todas», resumió.
Qué tiene que pasar para que esta vez sea distinto
Ante la pregunta de cómo ve el país en cinco años, Barbeito reconoció que muchos inversores extranjeros preguntan si esta vez es diferente. Su respuesta se apoya en un dato: la Argentina tiene superávit de cuenta corriente sin haber devaluado, con exportaciones en niveles récord aun sin contar el agro.
Pero puso una condición: un consenso político, sea quien sea el presidente, que sostenga el equilibrio fiscal como política de Estado, no toque el RIGI, siga favoreciendo la inversión extranjera y avance con una reforma tributaria acordada con los gobernadores y una reforma previsional. Sin ese consenso, advirtió, cada dos años el país vuelve a prepararse para un estrés financiero.
También contó que, después del acuerdo con Estados Unidos, crecieron las consultas de multinacionales que nunca habían mirado la Argentina, aunque muchas están en modo «esperar y ver» hasta que se aclare el ciclo político. Y que, aun con un triunfo del peronismo, los proyectos de energía y minería del RIGI tienen, a su juicio, una alta probabilidad de concretarse.
💡 La recomendación de MundoEmpresarial.ar
Armá el presupuesto de 2027 sin contar con crédito barato y revisá con tu asesor cómo cubrir la caja de la empresa durante el ciclo electoral.
Fuente: PROPIA



